La toxoplasmosis es una de las infecciones parasitarias más comunes causadas por el protozoo Toxoplasma gondii, que se manifiesta en dos formas: congénita y adquirida.
La transmisión de la toxoplasmosis se produce a través del tracto digestivo (la ingesta de carne insuficientemente cocinada, el consumo de alimentos contaminados con ooquistes de toxoplasma, tal como las verduras no lavadas), a través de agua no filtrada o por contacto con los excrementos de los gatos parásitados (usando las manos sucias) o por vía aérea (aire contaminado o transmisión transplacentaria – cuando la infección se produce durante el embarazo), transfusiones de sangre infectada o trasplante de órganos.
Muchos recién nacidos con toxoplasmosis no tienen signos tempranos de infección por toxoplasma, aunque la mayoría de los médicos recomiendan el tratamiento con antibióticos de todos modos.
La toxoplasmosis adquirida suele ser, en la mayoría de los casos, latente y asintomática, y cuando se manifiesta presenta los siguientes síntomas: agrandamiento de los ganglios cervicales, axiales, inguinales, fiebre, dolor muscular, cefalea (dolor de cabeza), náuseas, irritación de la piel en forma de urticaria o manifestaciones oculares tal como la visión borrosa, ojos enrojecidos. Las formas graves suelen aparecer en organismos con inmunidad comprometida. (Conf. dr. Carmen-Michaela Cretu, médico primario especialista en enfermedades parasitarias y tropicales).
Los protozoos gondii se multiplican asexualmente a nivel celular, formando pseudoquistes. Posteriormente, los pseudoquistes pueden calcificarse en los órganos internos.
Análisis médicos
En principio, es necesario determinar si la toxoplasmosis está presente, lo que da como resultado anticuerpos IgG negativos e IgM positivos.













No hay valoraciones aún.